Se conocieron en la graduación de un nieto y, seis años después, decidieron formalizar su relación. Don Patricio Jiménez y doña Nora Jiménez demuestran que el compromiso no depende de la edad, sino de la convicción.

Don Patricio Jiménez y doña Nora Jiménez durante la ceremonia civil en Loja, donde formalizaron seis años de relación.
Una decisión nacida en la calma
La historia comenzó en un escenario cotidiano: una reunión familiar. Don Patricio Jiménez asistió para acompañar a uno de sus nietos en su graduación. Entre saludos y conversaciones propias del encuentro, fue presentado a doña Nora Jiménez. No hubo promesas inmediatas ni declaraciones apresuradas; hubo diálogo, respeto y una conexión serena que empezó a construirse sin prisa.
Con el paso del tiempo, la relación se consolidó en la compañía constante. Compartieron rutinas, celebraciones familiares y días sencillos que terminaron por darles certeza. Seis años después de aquel primer encuentro, ambos resolvieron formalizar su unión mediante el matrimonio civil en la ciudad de Loja.
A sus 90 y 92 años, llegaron convencidos de que el compromiso no tiene límite de edad. La ceremonia fue íntima y sobria, acompañada por familiares que han sido testigos de su proceso. Don Patricio resumió el momento con palabras directas: decidió casarse por amor y por el deseo de compartir plenamente la vida con su esposa.
La escena no estuvo marcada por el protocolo, sino por la serenidad. Tomados de la mano, asumieron un paso que para ellos no representa un inicio improvisado, sino la confirmación de un vínculo que ya había sido probado por el tiempo.
Su historia deja una reflexión clara: el amor no se mide en años, ni responde a expectativas sociales. Se sostiene en la decisión diaria de acompañarse. Mientras muchos creen que las oportunidades se agotan con el calendario, don Patricio y doña Nora demuestran que siempre es posible apostar por el afecto y el compromiso.
Hoy no celebran solo un acto civil, sino la elección consciente de caminar juntos. Sin estridencias, sin discursos grandilocuentes. Solo con la certeza de que nunca es tarde para decir “sí”.

La pareja decidió unir sus vidas convencida de que el amor no reconoce edades ni tiempos establecidos.

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